Visitamos el taller textil Urulana de la maestra rusa Alena Mistra en Atlántida, para conocer la historia detrás de su trabajo y el de su alumna, Pilar de León, responsable de La Pilarica Fieltros. Hablamos de estilos, inspiración, el fieltro como materia prima, conocimientos, proyecciones a futuro, los desafíos y oportunidades del diseño en Uruguay.

Imagen de introducción: Richard Sosa – NetUruguay

Los comienzos de Pilar 

“Mi abuela y sus cuatro hermanas, hijas de otra época, de las que construían su propio ajuar, aprendían piano, bordado, y costura. Una de mis tías era modista, de hecho, una excelente modista. A pesar de que me crié en su taller de costura, siempre tenía presente la idea de mi abuela: ‘la máquina te esclaviza, no trabajes de eso’. Pero también, vivieron otro Uruguay, el de los cambios. Querían que mi prima y yo estudiáramos. Ella empezó su carrera de abogacía y yo ingeniería. La vida nos llevó por caminos distintos. Después de todo un periplo, terminamos haciendo vestimenta. Tenemos la praxis de ver, de saber cuándo una tela tiene caída, la composición, lo que en el arte se llama ‘el completo’: el artista dice que su obra está terminada cuando su ojo ve un conjunto armónico. Ese es el aprendizaje que le debemos a tantos años en aquel taller familiar.”

Estilos e identidad

Pilar reconoce que sus estilos son distintos: “lo mío es el reciclaje de los textiles, y el teñido con vegetales (ecoprint); Alena tiene como algo más clásico y tradicional. Por eso podemos estar juntas en las ferias, hacemos cosas totalmente diferentes. Si bien yo aprendí de ella, cada una es fiel a su identidad.”

Vestidos

Diseños de Pilar de León: ecoprint, detalles con crisálidas, y superposición de texturas.

Según Alena, “Pilar es hippie-chic, trabaja con ecoprint y texturas.” Los diseños de Alena son clásicos: confecciona fundamentalmente con vellón, sumando detalles de color para dar a la prenda una apariencia distinguida. Pilar, tras diez horas de hacer el vestido, agrega teñido, patchwork, y detalles, como las crisálidas, “que se tiñen con el índigo, primero los pedacitos que van con ecoprint, y después se compone la prenda.”

Alena reconoce que cada mujer que trabaja con fieltro, estudia todas las técnicas, y luego elige su propio proceso creativo: “yo prefiero la forma de lana pura. Trabajo con gasa de seda también, pero todos son distintos. Mis preferidas son las prendas de invierno.”

Diseños de Alena Mistra. trabaja con Merino, alpaca, y detalles de color.

Sobre las influencias

Pilar se define como “muy Sarah Kay“, aunque también gusta de lo francés. “Hay una corriente de diseño que se destaca por el trabajo con plantas tintóreas, inspirada por la maestra Rebecca Burgess, de Estados Unidos, va mucho con lo que a mí me gusta, con las telas teñidas con extractos vegetales. Pasa mucho por la investigación y la experimentación, por ir recuperando esas etapas, y llegar a la raíz que dio origen a la artesanía textil. Burgess investigó e hizo innumerables mezclas. Descubrió que una planta que hace un amarillo muy fuerte, al mezclarla con el índigo, da un verde esmeralda precioso. Es dejar fluir la imaginación, conociendo la naturaleza. Personalmente, me quedo con los colores pastel, van más conmigo.”

Clochés de Pilar.

Conocer a su público

Alena define dos tipos de compradores: “el primero, que quiere hacer algo con lana; hacer prendas como los maestros: personas que compran para imitar lo que hacemos. Es impresionante la cantidad de publicaciones de ‘talleres de fieltro’ con fotos de maestras europeas, hechas por estas personas para atraer público. Al cabo de un tiempo esas publicaciones, casualmente, desaparecen. El segundo, son personas que si bien no saben qué es el fieltro, valoran la ropa de lana virgen y quieren cosas diferentes al tejido de punto o el crochet.”

En el caso de Pilar, sus clientas son “mujeres de a partir de veinte años, independientes, profesionales, y que buscan algo diferente y original.”

La importancia de Etsy

Pilar comenta que la tienda online “es un muy buen canal para diseñadores. En especial porque sólo permite ofertar prendas hechas a mano. No sólo sirve para vender, sino también para aprender, hablar con otras maestras e intercambiar conocimiento. Vendemos a Europa y Estados Unidos. Hay experiencia en esos países. Lo usual es Suecia y Noruega, lo conocen y necesitan por su clima. Estados Unidos prefiere el ecoprint, los vestidos de seda viscosa. En Uruguay, el mercado recién se está abriendo al diseño, pero hay un preconcepto hacia el fieltro como algo duro. Para romper con eso, buscamos que sea usable, agradable a la vista, que tenga diseño, y que sea suave.”

De aprendiz a maestra, y el trabajo conjunto

Para Pilar, compartir con Alena “es re-divertido. Yo viví muchos años en Buenos Aires, donde trabajaba con accesorios y bijou de forma artesanal. Ahí conocí el fieltro gracias a una chica de un taller de cerámica precolombina, tomé contacto con el material, y me encantó. Cuando regresé a Uruguay, empecé a buscar una maestra de fieltro, la búsqueda duró tres años. Un día, en un sitio de compra-venta, veo unas cosas preciosas en fieltro. Era esta señora (Alena) que hacía poco había llegado de Rusia. Ahí nos conocimos.

Aprendí a hacer fieltro cursando en su taller de La Floresta una vez por semana. Lo que siempre destaco de Alena es que tiene como prioridad hacer buen fieltro, para que dure muchos años. Como maestra no se guarda nada, y enseña principalmente a buscar el punto exacto en el que el textil está bien hecho. Es un método lento, pero el resultado es fascinante. Podés hacer cosas muy gruesas, o muy finas, a partir del punto donde sabés que el fieltro está bien hecho. No importa el grosor, tiene que ser compacto y maleable.”

Detalles

Alena reconoce que Pilar es su mejor alumna. “Para hacer fieltro se necesitan muchas horas. Vemos mucho por ahí que se vende como fieltro y en realidad no lo es, es lana amasada, le falta proceso. Se ven líneas, partes separadas.” Pilar agrega: “en Argentina, noté que existe la costumbre de serializar lo artesanal. En Córdoba, conocimos un hombre que vendía una máquina para ‘fieltrar’. Dijimos NO. Para que sea fieltro, el trabajo tiene que ser artesanal. Si es industrial, es otra textura, otro resultado.”

El viaje de Alena

Alena vino desde Rusia a América con su familia: “buscamos un país más chiquito, seguro, con idioma español, que tenga mar. Mis padres han estado viviendo en Latinoamérica: Venezuela, Perú, pero nunca en Uruguay. Pensamos que había llegado el momento de cambiar no sólo de país, sino de modo de vida, vivir con gente cerca. En Rusia, yo no trabajo con fieltro, tengo emprendimientos que se dedican a la atención de los niños, soy psicóloga infantil. El idioma fue una barrera temporaria que no me permitió ejercer mi profesión en Uruguay, pero sí pude dar clases y talleres de fieltro para mujeres, porque no es necesario un dominio perfecto del idioma. Cualquier manualidad orienta nuestra cabeza con los dedos. Es como una terapia. Si alguna alumna tiene un problema, lo habla tranquila, sin estrés, después con algo suave, con la lana natural, se distiende.”

Proceso del fieltro

Pilar: “intervienen varios sentidos en esto: tacto, olfato, vista, y ahora, estoy buscando el gusto. La carqueja, cuando terminás de teñir, la tomás y te deja un dulce aroma a miel. En cualquier momento integro el sonido, y listo. Quedan integrados todos los sentidos.

Proceso 1

Cuando están todos los materiales listos, son cerca de diez horas para hacer un vestido, si no, son días.

No soy buena dibujando. Trabajo moulage, directo sobre el maniquí. Es todo un tema la moldería para el fieltro, porque no es corte y confección tradicional, es algo que se aproxima a lo que tenés en mente, y después llegás al vestido: superponiendo, cortando, armando sobre el molde. Trabajamos con nylon de burbujas. Si ves nuestro ‘molde’, es como un vestido gigante que no se parece a nada, tiene un treinta por ciento más que el tamaño final. Para una prenda que necesita dos metros, como un chaleco, usamos cuatro. Es como hacer vino a la antigua. Todo lo que hago está en mi cabeza, por eso voy a tomar clases de ilustración, porque a la modista no le resulta fácil interpretar mis ideas.

Proceso 2

A veces, empezamos a trabajar y el resultado final es totalmente distinto a la idea original. Sobre el proceso, surgen otros procesos. El estado de ánimo es fundamental: cuando estamos mal, hacemos fieltro; cuando estamos bien, vamos al maniquí.”

Alena habla del teñido: “usamos la técnica japonesa ‘shinobi’: primero hacer nudos, luego teñir puntos de distintos colores. De todas las manualidades, tomamos técnicas que volcamos al fieltro. Como el ‘scrapbook’ para el papel, usamos eso con plancha a vapor. El fieltro es un material muy maleable, muy lúdico. Yo prefiero mezclar diferentes tipos y calidad de lana. Prefiero jugar con texturas, cada una es distinta: cabra, alpaca, y merino.”

Sobre la inspiración

Pilar: “soy una abuelita que no parece una abuelita. Soy muy ecléctica. Son estados de ánimo. Tengo mucho de Sarah Kay, pero también me gusta muchísimo la manualidad, disfruto el desafío de crear. Cuando veo que estoy dominando bien una técnica, suelo querer pasar a otra. Me gusta complicarme mucho la vida, entonces, la incrustación de piedras a las prendas (piedrería) se transforma en un nuevo desafío. Quiero dominarlos, ir hacia ahí, porque viene unido a utilizar los materiales textiles abandonados, que uno encuentra en locales de segunda mano, una recuperación de la historia. Vos te vestís así hoy, porque antes hubo todo un proceso. Es una recuperación de la memoria. Siempre digo que cuando utilizo textiles antiguos, tengo ‘socias anónimas’, mujeres que bordaron el ajuar, hicieron una puntilla, y eso apareció en esos locales, porque fue hecho en determinado momento con una finalidad, y encuentra una nueva vida. En el proceso de reconstrucción, me imagino la historia de la prenda, juego a adivinar los nombres de las iniciales de la filigrana. Ninguna de mis creaciones es igual a otra, no hay una igual. Mi diseño es la resulta de seguir mis instintos. Siempre parto de un material nuevo, de una técnica nueva. Ahora voy a trabajar con bordado, estoy estudiando técnicas tradicionales japonesas, boro y sachiko, y cómo incorporarlos a la indumentaria.”

Rarezas que encontramos

Se define raro como difícil de encontrar. Las que más llamaron la atención fueron una bufanda confeccionada en lana de perro, y las botas de fieltro.

Sobre la lana de perro como material, Alena describe el proceso: “es pelo que se les cae cuando los peinan, se guarda y se lava. Ni siquiera se esquila. Se aprovecha el cambio de pelo que hacen los canes en primavera. Samoyedo, es una textura similar a la angora, es hipoalergénica. No se utiliza el pelo de cualquier raza, y el proceso ocurre naturalmente, no se lastiman a los animales. Sólo los peinan. Lo que se usa es el ‘segundo pelo’, la capa más fina, y se mezcla con lana merino.” Alena tiene clientes con problemas de columna, a los que la lana de perro ayuda muchísimo, y agrega, “en Rusia todos los abuelos tienen un cinturón de ese material, porque alivia el dolor de la radiculitis, y los problemas en los huesos. También ayuda con la presión sanguínea.”

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Botas valenki, por Alena Mistra.

Sobre las botas, comenta que “son originarias de las tribus nórdicas, legado cultural que tienen incorporado desde su infancia sus nativos. En Rusia se llaman ‘valenki‘, y su proceso es asignado a los hombres, porque se moldean con palas de madera, agua caliente, y se necesita mucha, mucha fuerza para trabajar el vellón para hacer el fieltro.”

Sobre enseñar fieltro

Alena tiene su taller en Atlántida, y Pilar en la Casa de Catalunya en Montevideo.

Aprender y enseñar, para Pilar, es como la vida, que “es un contínuo proceso dialéctico. Traés cosas de atrás, las vas proyectando a futuro y no te das cuenta cómo, aquello que viste cuando eras chico es parte de esa praxis de vida. Uruguay necesita un cambio de cabeza en varios niveles de la artesanía. Tenemos que abrirnos. Hay gente que trabaja divinamente la lana, el cuero, los distintos materiales, pero falta compartir. En el Río de la Plata, siempre seguimos con atención lo que pasa del otro lado del océano, a las maestras europeas. Como SharitViret, que siempre nos visitan, y comparten su conocimiento y experiencias. Ese es el intercambio que hay que buscar y fortalecer.”

Desafíos del sector

Alena cuenta lo difícil que es la falta de entendimiento del valor de la calidad en el mercado local, y la incidencia del proceso de elaboración al momento de fijar el precio de sus prendas: “el merino es calidad mundial, calidad de oveja. En Uruguay, en la frontera con Argentina, todos los campos tienen merino, en la frontera con Brasil, tienen corriedale. Los uruguayos conocen el merino, junto con Australia, son los únicos países que trabajan ese vellón. Por ese motivo, esta materia prima resulta cara. La razón es que es de muy alta calidad.”

Para Pilar también pasa por encontrar materiales nobles, como viscosa, telas, tintas. “Tenemos excelente calidad de lana, pero es difícil ingresar al país seda, viscosa, o gasa. Es complicado importar. Traje veinte yardas de gasa y veinte de seda para Punta Alive (como muestra) para presentar lo que se puede hacer conjuntamente con el fieltro. Eso causó serios inconvenientes en el aeropuerto, donde tuve que defender la profesión haciendo notar jocosamente que no se trataba de contrabando industrial. Los diseñadores deberíamos impulsar la posibilidad de importar materiales, como ’craft’ (materia prima), que sólo sirve para confeccionar, no para ser vendida sin proceso. Resulta limitante la cuestión de impuestos de importación de aduana, que se traslada al precio de venta. Eso reduce el público que viste tus diseños, y por lo tanto tu posibilidad de crecimiento.”

Por otra parte, destaca la relevancia de DINAPYME “es muy interesante, las muestras de tu trabajo van a una curaduría, que te exige innovar, buscar la excelencia, buena artesanía. La artesanía mueve millones en todo el mundo. Millones de dólares por año. Es atractivo turístico, y crea identidad. Todavía se puede hacer muchísimo.”

Mirando a futuro

Pilar comenta “vamos en camino hacia la trazabilidad de la ropa, a generar conciencia. Además, existe gente en contra del híper consumo. Vamos a una cuestión más consciente de la vestimenta: si te enterás que un chico de diez años trabaja en la fábrica, te ‘da como cosita’. Pienso que esta reinvención del fieltro llegó para quedarse: es sumamente creativa, tanto para las mujeres que lo trabajamos como para las que lo visten. Después de que aprendés a usarlo, no lo dejás más. Mi camino fue largo, hasta llegar al fieltro. Voy a incorporar otras cosas, pero es esto lo que quiero. Siempre estamos viendo nuevas formas de trabajarlo. Aunque con el mismo vellón no se pueden hacer dos prendas iguales.”


Referencias:

Rebecca Burgess: fibershed.com/producers/directory/rebecca-burgess/