Johanna Rafaniello, egresada de Pablo Giménez Escuela Integral de Diseño, actualmente trabaja en la boutique Via Berro, nos presenta su marca de alta costura para niños, Petit Soleil. Nos habla de su nuevo emprendimiento, su trayectoria, sus pasiones, y los nuevos desafíos del diseño uruguayo

Sobre sus comienzos

“Empecé muy joven a dibujar y estudiar confección con una profesora particular. Luego de tres años ingresé a la academia de Pablo Giménez, donde consolidé mi vocación por el diseño. Me metí en eso, me encanta crear, inventar, con constancia. Posterior a mi egreso, quise profundizar conceptos y comencé mi especialización en alta costura con Martha San Martín, estoy convencida que todos los días se aprenden cosas nuevas. Consigna que mantengo hasta el día de hoy. Sumé varias experiencias.

EgresoMoWeek

En la escuela, tuve la oportunidad de hacer mi primer desfile, y el año pasado presenté una colección en el evento Mujeres a Contracorriente. En Via Berro estoy desde hace dos años, donde trabajo a medida con novias, quinceañeras, y madrinas.

Trabajar con público transporta el diseño a algo más real, más personal. Hay que tener carisma, conceptos de estilismo y estética para saber qué le queda bien a cada persona. Es un mundo que me gusta mucho. Muchas veces las ideas y conceptos que se manejan no van con todos los cuerpos, y una tiene que lograr lo mejor de cada forma, y por sobre todo, estilizar, encontrar el punto exacto, la excelencia, el equilibrio. El estilo habla mucho de cada una, conjuga desde lo más romántico a lo más básico, adaptándolo al contexto con algún brillo, detalle, algo original, que hace que la prenda y quien la viste se destaquen.

Un momento clave en mi carrera fue mi desfile de egreso, porque aposté al diseño haciendo lo que realmente me agrada. Via Berro también lo considero clave, porque la interacción con el público te ayuda a crear cosas únicas, cada persona es un mundo distinto, cada cuerpo, una única identidad.”

A contracorriente

Mujeres a Contracorriente.

¿Cómo es el trabajo a medida, y cómo es tu público?

“Saber hacer las cosas para mí tiene un gran valor. Sentarte con la persona, ver cómo cae la tela sobre su cuerpo, y en función, combinar las texturas y técnicas. Si bien en Pablo Giménez desarrollé el conocimiento sobre estampados, texturas, cómo hacerlos a mano, siempre lo vuelco en las colecciones, pero pocas veces se lo hace en el trabajo a medida en clientas. El público uruguayo es difícil, no están acostumbrados a usar cosas diferentes. Tenés que luchar, por ejemplo, con las madres de quinceañeras que te dicen que quieren lucir el negro, fieles a las ideas de generaciones pasadas, y eso, a sus hijas no le gusta. Hacer entender que más allá de tu complexión física, hay que sentirse cómoda, encontrar ese detalle, ese truquito a veces mínimo, para que se animen al color.

Durante mi trabajo en la boutique, noté que la indumentaria para niños no está plenamente desarrollada, es un mercado casi inexplorado, en pujante crecimiento, pero que presenta desafíos muy interesantes. Cuando las niñas de la familia te piden, por ejemplo, que (el vestido de fiesta) las deje ver elegantes, ¡con seis años! Parece increíble.

El público infantil no es fácil, porque son super críticos, y no tienen filtro. Son transparentes. Pero también me gustan mucho, requieren de una estrategia de trabajo muy ingeniosa. Recuerdo una anécdota, cuando se me acercó una chica y me dijo: ‘si mi padre no se casa con mi madre, yo me quiero casar con mi papá. Por eso quiero un vestido lindo’, esa inocencia me encanta: no tienen miedo a nada, ni a los estampados, ni al color. Son desprendidos y vanguardistas. El adulto juzga y duda más.”

¿Cómo es tu proceso creativo?

“Yo genero el boceto con la mujer. No diseño por carpeta, porque considero a cada una, única, distinta, y merecedora de lo mejor. A veces pide cosas que le gusta, pero no la favorece. Comienza entonces la tarea de explicar y mostrar las alternativas que generan un resultado más estilizado, poniendo sobre el cuerpo las telas, conjugando los colores de acuerdo a su tono de piel. Mi trabajo consiste también en dar a la persona buenos consejos de imagen, y transmitir esas herramientas. A veces tienen una idea, y descubren, por ejemplo, que la cintura más alta crea una mejor silueta. Al saber confeccionar desde cero, no hay lugar a error, siempre se pueden ajustar los detalles finales, como los brillos, flores y cintos.”

Participaste en Lúmina y sos parte del colectivo de Efecto Cinco, ¿qué es lo que te marcó de ambos eventos?

“Lúmina es un evento con lógica comercial, y yo no diseño en serie. Mi colección tenía bordado, y era cara, por las telas que utilicé. Me pareció increíble haber quedado finalista. Efecto Cinco es a nivel de diseño, se trata de apostar y experimentar qué ramas se pueden trabajar en nuestro país. Ahí es donde realmente se presenta el desafío. Somos una generación de jóvenes creativos que lucha constantemente por mostrar su trabajo. Nos estamos agrupando para hacer muestras, desfiles, para hacer saber que en Uruguay el diseño está vivo y tiene vigencia. Aprendés que, al ser (el medio local) tan pequeño, hay que ser cálido y moverse bien; hay que sumar y no restar. En esta edición de Efecto Cinco participamos catorce diseñadores, con reuniones de varias horas. Tenemos posiciones distintas, pero todos buscamos un mismo resultado, todos queremos ayudar, avanzar y crecer. Si participamos todos, se generan cosas increíbles.”

Efecto CInco

¿Cómo ves al diseño en Uruguay, y qué desafíos presenta?

“Cuando se habla de diseño uruguayo, es difícil saber qué concepto es aceptado por la gente. Las conferencias como las del Día del Diseño son muy enriquecedoras, generan esperanza. Mi idea es especializarme haciendo un master en Francia, porque en nuestro medio no existe esa posibilidad. Siempre hice alta costura: bordados, texturas, pintura a mano, combinación de técnicas y materiales. Pero lamentablemente, el público local se queda sólo con el bordado, porque es lo que se anima a usar. Mi percepción es que está muy condicionado por el qué dirán, no se anima a experimentar nuevas prendas. Los extranjeros que visitan nuestro país comentan que ‘es oscuro, cuando en contraste, tiene tanto potencial creativo’. Una población envejecida influye mucho. Vos ves a tus colegas del exterior rapados, con el pelo teñido de colores, súper naturales, y acá son vistos con cierto recelo, Uruguay, te exige una apariencia más conservadora. Es un cambio que va a llevar tiempo. De los trescientos cincuenta diseñadores que somos en varias ramas, muchos ya no residen en Uruguay, o están trabajando para un tercero sin generar nuevas creaciones para colecciones propias. El público todavía no lo valora lo suficiente, por ello resulta difícil conseguir auspiciantes o patrocinio para realizar eventos.”

Teniendo en cuenta esos desafíos, ¿cuál es la función social del diseñador?

“Pienso que la función del diseñador es la de concientizar al consumidor. Me refiero al que compra mercadería china por pocos dólares a pesar de saber que es fabricada en condiciones paupérrimas de trabajo; como a los que dicen ser ecológicos, pero no transfieren esa definición de trazabilidad a su vestimenta. Hay que seguir apostando, uniéndonos como diseñadores para mostrar qué es lo que funciona desde el diseño de autor. En algún momento, las grandes marcas y el público lo van a notar.”

Volviendo a tu trabajo como diseñadora, me detuve en la colección inspirada en la lucha contra el cáncer porque es un tema que me toca de cerca. ¿Cómo es el proceso de trabajar en algo que moviliza sensibilidades tan profundas?

“Se trata de una colección de seis conjuntos, y me inspiró la lucha de los pacientes. Quise mostrar la enfermedad como motivo principal, representarla y llegar a donde otros no se animaron. Yo necesitaba que estuviera, porque en mi investigación descubrí que, a nivel de moléculas, aunque te cures, la enfermedad no se va. Está buenísimo que exista la esperanza de poder sanar. Algunas personas pueden y lo hacen, pero todas sufren secuelas. Entonces, yo quise plasmar ese sufrimiento como una flor desdibujada, porque la vida continúa presente a pesar de los embates recibidos.”

Lucha cáncer

A nivel de producción, ¿cómo te gusta trabajar y con quiénes?

“Me gusta pensar en estructuras. A nivel de imágenes, destaco el profesionalismo de Ignacio Seijo. Como modelo, me encanta Romina Di Bartolomeo, me parece la mejor. Es multifacética. Queríamos lograr algo fino, pero a la vez salvaje y natural, acorde al peinado de Romina, y quedó divino. El resultado final no tiene nada que envidiar a las producciones de alcance internacional. Romina lució mi colección inspirada en Salvador Dalí en MoWeek, y me impactó. Para mí es la que más destaca, con su actitud y magnetismo.”

Contanos sobre tu nueva marca, Petit Soleil. Cómo viviste el proceso, y qué proyecciones tenés

Pequeño Sol en francés, porque la idea principal que la inspira es el niño. El niño como un sol, que da calor y genera vida. Lo que busco con la grifa es desarrollar un segmento poco explorado. Antes de lanzarme por completo a este proyecto, comenté mi idea a referentes de la publicidad y comunicación, a fotógrafos, para conocer su opinión y su devolución fue muy favorable. Mi sueño a futuro sería tener mi propio local. La colección se caracteriza por sus líneas románticas, de estilo francés, a veces cargado, pero todas las creaciones son distintas. Estoy comenzando con la publicidad, destacando que todo es hecho a mano: bordados, tulles, puntillas. La paleta de colores es bien tenue, delicada. Para la campaña yo quería algo con entorno natural, con caballos. Entonces fuimos al campo e hicimos la producción de fotos allí. Salió muy linda. Las chicas estaban super contentas con los vestidos: querían probarse todos, compartieron y se divirtieron mucho. Establecí el límite de producción en las chicas de doce años, no son niñas, pero tampoco tienen un cuerpo que podés dibujar como el de un adulto. La confección requiere de una atención diferente.”

“Mi mayor ganancia con mi marca es hacer una apuesta al diseño.”[Tweet ““Mi mayor ganancia con mi marca es hacer una apuesta al diseño.” Johanna Rafaniello”]

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¿Cómo es el proceso de crear para chicos?

“Trabajo sobre ilustración, converso con las niñas sobre colores, telas y texturas. Yo no hago princesas, con mucho tulle, eso se dejó de usar. Voy a lo cómodo, a lo suave. Busco ese estilo romántico pero especial para cada niño. Por ejemplo, al chico que le gusta la ciencia ficción, visualmente tiene que ser un traje, pero le agrego el detalle que a él lo inspira en los puños o el cinturón logrando el efecto con un tono o estampado. Es lo que me gusta de los franceses, dan vuelta las prendas, buscan ese detalle: un galón, que la costura sea perfecta, contemplar lo que no es común. Si bien vos comprás las cosas por cómo se ven por fuera, para una madre es importante la calidad total del producto y las terminaciones. Ese es justamente el foco de la alta costura, ir más allá de lo visto, darle la vuelta. Uno siente qué le gusta y qué no le va agradar, y también los niños. Todos tienen su estilo propio: romántico, deportivo, rockero. Hay que ver su personalidad y respetar su identidad.

Yo hago mucho draping, volumen hacia arriba, pero no podría poner a un chico con una capucha enorme, queda desproporcionado. Son medidas distintas, no puedo hacer algo que quede payasesco. Existe una línea muy delgada. Sé qué es fino y elegante, qué tiene calidad y estilo. Vas tomando identidad, pero con niños son apuestas a cosas distintas, se evita caricaturizar. También tenés que ver a la familia, el contexto, el lugar, verlo todo. Ahí comienzo a dibujar. La clave es que el niño esté cómodo en el contexto que lo rodea, pero también consigo mismo. Que pueda expresar su propio estilo.”

¿Qué es lo que te inspira? ¿Cuál es esa pasión que te define?

“Siempre supe que lo que quería era el diseño. Siempre dibujé, me probaba mil cosas raras, o las hacía yo. Me ponía con palillos la ropa de mi madre, me ponía tacos, y me encantaba. A mi diseño le dedico el máximo de investigación y de tiempo.

Ya sea con la persona o con el tema, el mayor porcentaje lo ocupa el trabajo de investigación, y después la confección. Me preparo mucho: examino, pruebo varias cosas, exploro posibilidades, opciones para contemplar y escuchar al otro, constituyen pilares muy importantes. Ese intercambio es lo que nos hace sentir cómodos, más allá del lugar. Pensar en cómo te sentís vos, en equilibrio con el mundo exterior. En una colección, analizar para dónde es, qué puedo transmitir al público. Si tengo que hacer una apuesta de diseño, o ir por algo más comercial. Analizar persona y contexto. Los detalles que hacen a la prenda dan ese toque distinto, lo hecho a mano. Con la silueta perfecta, estilizar el cuerpo.”

La importancia de un mentor

Pablo Giménez es muy exigente, la formación que inculca es bajo estricta supervisión. Es una constante que distingue a su escuela. En mis años de estudiante lo odié y lo amé al mismo tiempo. Tengo una muy buena relación con él. Parte del aprendizaje consistió en tolerar las críticas constructivas. Él, está formando profesionales en diseño para el público europeo. Como yo respondía mucho a las exigencias, nos llevábamos bien, y la experiencia culminó satisfactoriamente. Si no se exige, no se aprende. Para mí es un orgullo haber sido su alumna.”

¿Qué es lo más importante en tu trabajo, aquello que lo hace único?

“La materia prima es fundamental, con buena materia se puede elaborar y generar mejores estándares de calidad. Estoy presente en todo el proceso. A veces delego y envío a hacer partes, pero lo superviso. Me gusta estar en el detalle, soy muy responsable. Hago moldería, dibujos, y después mando a hacer la confección. Luego los pruebo, y les imprimo mi detalle personal que es algo más de lo que se busca para dar el toque final. Esa es la diferenciación, los detalles como el interior del vestido, las puntillas en los ruedos, los botones forrados, y el bordado a mano. Cada detalle es mas que importante, hay que estar en todo. El diseñador consolidado es el que sabe hacer todo en cualquiera de las partes del proceso de confección. Se nota la diferencia entre el que sabe hacer todo y el que debe mandar a hacer.”