“Lo mejor que puede haber es estar feliz con vos mismo, con tener una vida real que vaya con lo que sentís, con tus valores. Y en la ropa eso es fundamental, no sumarte a lo masivo.”[Tweet “Lo mejor que puede haber es estar feliz con vos mismo, con tener una vida real que vaya con lo que sentís, con tus valores. Javier Ramírez”]

Imagen de introducción: Pazos Landarín // Itaú MoWeek

Sobre sus comienzos en el diseño

“Empecé muy joven, cuando tenía dieciocho años. Yo trabajaba para un diario en Solymar escribiendo sobre moda, fue mi primera incursión real. Venía a Montevideo a cubrir los diferentes eventos que se presentaban en ese momento. Todos los desfiles, se presentaban en el Parque Hotel, en el año noventa y cinco. Ahí conocí a Anahí Strasser, de una forma muy divertida, porque yo diseñaba desde que era chico, desde los catorce, entonces, le llevé mis bocetos para mostrarle, y ella me empezó a mostrar los de sus alumnas. Cuando yo veía aquello todo perfecto me dio vergüenza y dije, yo los míos no se los muestro. Por las vueltas que da la vida, yo estaba sentado en el living de su casa y, cuando me levanto se me cae la carpeta con los bocetos al piso y ella, obviamente lo vio, miró uno por uno y me dijo: sos muy creativo, pero tenés que aprender la técnica. Yo no sabía. Mis dibujos eran a lapicera, los de sus alumnas con pasteles. Yo ahí no tenía posibilidad para estudiar, recién había venido (de Lavalleja), no podía pagar un curso. Y ella me dijo de venir, y me becó.  Ahí empecé, hice figurinismo, donde aprendí a pasar mis ideas de mi cabeza al papel. Después empecé a involucrarme con la moldería.”

El momento bisagra

“Me asocié en dos instancias, y ninguna sociedad dio resultado. Porque cuando sos nuevo y carecés del oficio y de educación sobre ese tema, es difícil encarar un proyecto como este que, en realidad, es serio. No sólo tenés que saber dibujar, tenés que interpretar, conocer el cuerpo de la persona, saber de materiales, de construcción de la prenda, moldería, cómo cortarla. Todo eso te lo dan los años y el estudio.

codicia

Con esas malas experiencias me desanimé mucho. Imaginate, yo tenía diecinueve años. Recién a los veintinueve, casi treinta fue que se abrió un llamado. Yo seguía con la idea de ser diseñador en mi cabeza. Me estaba acercando a los treinta, trabajando en moda en distintas cosas, pero no terminaba de llenarme. Y dije, es ahora o nunca. Momento bisagra. El INJU organizó una feria, CODICIA (Convención de Diseñadores de Indumentaria y Accesorios), un proyecto público-privado. Ahí concursé para quedar dentro de los veinte participantes, donde tenía que hacer una producción de fotos, y una colección. Concursé, y quedé seleccionado. De esa camada, hoy siguen Majo Rey, Claudia Rosillo (Texturable), y Claudia Rivas (Damén). Cada uno tenía un stand decorado por nosotros, tu propia tiendita. Ahí pudimos comercializar, mostrar nuestras prendas, y fue la experiencia que necesitaba para decir esto es lo que yo quiero para el resto de mi vida. Ahí tuve contacto con mis primeras clientas reales, su devolución de lo que gustaba y de lo que no gustaba, el tema de los talles. Se acercaron tiendas multimarca, que en ese momento comenzaron a aparecer y ahí pude comercializar mi producto. Fue un comienzo muy lindo, y una experiencia que no olvido, porque fue fuerte interiormente.”

El salto al mercado

“Después vendí en tiendas de diseño, que entonces había más que ahora, proliferaban los multimarca de diseño de autor. En Ciudad Vieja había un circuito en que estaban Ana Livni, Paulina Gross, Imaginario Sur, Ara, Nos Ideó Edison, en la calle 25 de Mayo. Empecé en tiendas de diseño en Ciudad Vieja, Punta Carretas, Punta del Este, Rivera. Después empezaron a llegar las clientas a medida, y con ello el momento en que mi tiempo no me permitía hacer las dos cosas. Uno de mis proyectos a futuro es volver a vender en tiendas, hasta llegar a mi tienda. Pasito a pasito.”

Sobre la situación del diseñador local

“Tenés un montón de limitaciones. El público recién ahora está teniendo una apertura mental hacia el diseño. El diseño tiene que tener una cosa funcional y comercial. A veces es difícil que las dos se lleven bien, la parte creativa y la parte comercial. Entonces, es algo en lo que uno tiene que trabajar: pensarlo muy bien, experimentar, y a veces, no hay o tiempo o dinero para experimentar. También te limitan los materiales. Si querés generar tus propios estampados, tenés que ponerle un valor extra a la prenda, que no siempre la gente está dispuesta a pagar. Muchas veces los diseñadores no tenemos desarrollada la parte comercial. Tenemos la parte creativa, o en mi caso del trabajo a medida, la interpretación a la clienta. El tema comercial es algo que uno tiene que dominar, y a veces no tenemos la aptitud, o el tiempo. Acá los diseñadores somos los que hacemos todo: vamos a comprar las telas, somos los que cortamos, los que cosemos. Y todo eso lleva mucho tiempo. Hoy tengo dos personas trabajando conmigo. Somos cuatro, con mi madre y yo. Yo hago todo: costura, moldes, visita a clientas, llevar a tiendas a vender, darme a conocer.  Hoy existen las redes, pero cuando yo arranqué no tenían la fuerza que tienen hoy. Tengo Facebook desde 2008, cuando recién empezaba. Todo acá es a fuerza de remar. Nota del Observador sobre la realidad de la moda en UY. Ana Livni decía que no podés pretender, con dos empleados, crecer. Y es real. Pero no hay otra forma. A mí me sobran las ideas de lo que quiero hacer, pero el medio limita.”

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Colección Ánima. Absolut Javier Ramírez. Imagen: Pazos-Landarín, Itaú MoWeek

Con trabajo, las cosas llegan

“Ahora estoy pasando un lindo momento, como lo veo yo. No lo considero premio al esfuerzo, porque están las casualidades y causalidades que te hacen estar en eso, pero cuando uno trabaja, en un momento, ves que las cosas van llegando. Y está buenísimo. Cuando me invitaron a MoWeek este año, yo ya había estado el año pasado con Absolut, fue una experiencia increíble. La gente ve desfiles simplemente como eso, epro para uno, estar ahí, es lo más. Vas viendo qué generás vos, desde tu lugar, para las generaciones que vienen. Han venido chicos del Centro de Diseño a hacerme entrevistas, y vos ves cómo ellos te ven, y vos te ves tan chiquito. Ellos te ven como que ya estás instalado, y ahí te das cuenta de lo que venís logrando. Me llamaron para estar en (revista) Galería por primera vez, junto a Pablo Suárez y Margo Baridón, y ahí también lo notás. Cuando te llama gente de la televisión y del medio artístico. Sabés que vas bien encaminado.”

Este año participaste del primer Mercado de las Industrias Culturales del SUR (MICSUR) ¿Cómo viviste la experiencia, y cómo ves a Uruguay en el contexto regional?

“Fue muy interesante. El hecho de haber sido seleccionado para representar a Uruguay fue fuerte. Fueron cuatro días, con una pasarela donde estaban diseñadores como Camilo Álvarez, de Colombia, que es de lo mejor, y me tocó compartir camerino con él. Sacamos fotos, intercambiamos ideas. Y pude darme cuenta de que no estamos mal. Uno va con la mente pequeña. Lo que sí no estamos bien es en textiles. Camilo por ejemplo, me contaba que tiene una empresa muy pequeña, con diecisiete empleados solamente. Si yo tuviera diecisiete empleados, ¡me creería dios en Uruguay! Tienen otra población, llegan a otros mercados, como Estados Unidos. En esas cosas ves como un abismo. Estaba Marcia Ganem, de Brasil, con unos textiles increíbles, cosas hechas con llantas de auto recicladas, texturas y cosas que te hacen ver que estás lejos en la parte textil, en lo que vos accedés o podés acceder acá. Pero, en cuanto a diseño y a la forma de presentar las cosas, no. No estás nada lejos. Comercialmente, a dos de mis compañeras les fue bárbaro: a Claudia Rosillo de Texturable, y a Natacha Ruth que llegó a vender para Nueva York. También era una instancia con rueda de negocios. Yo por mi producto, hago uno o dos vestidos, no tengo capacidad productiva. Si quiero que sea exportable, tengo que trabajarlo mucho. Fue un aprendizaje enorme, y muy importante para Uruguay estar incluidos. Me hubiera gustado más integración entre los diseñadores. Algunos ni siquiera nos vimos. Era complicado por la estructura del local, era un teatro, con pasillo y espacios chicos. Yo compartí con Atilio Páez, que trabaja mucho lo autóctono, y hasta hoy nos seguimos escribiendo. También compartí charlas con diseñadores de Bolivia. Te puedo decir que como evento le faltaron cosas. Como experiencia fue bárbara, y saco en limpio eso: estamos mal en la parte de materiales, muy limitados, pero en cuanto al producto en sí, estamos bien.”

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Colección Amatista. MICSUR

¿Cuál es tu inspiración para diseñar y cómo definís tu proceso creativo?

“En realidad, yo siempre digo que si bien tuve formación técnica, nunca pasé por una escuela de diseño, no tengo el proceso definido. La que más me orientó fue Ángela Rubino, Directora del Centro de Diseño Industrial, que me ayudó mucho, me ayudó a ordenarme. Pero no sigo metodologías de trabajo. Puedo empezar por una tela, por un diseño, por un concepto. Siempre hay un concepto general. Soy muy egoísta en ese sentido: siempre hago lo que quiero. Para mí esto tiene que ser disfrutable. No me importa la tendencia, si se usa rojo, verde, pantalón, no me importa. Hago lo que me gusta, y en sí, el proceso de creación para mí siempre es muy disfrutable. Por momentos se vuelve estresante, cuando no sale lo que querés. Yo trabajo siempre con una idea general, hago las colecciones imaginando el desfile. Me encierro en el cuarto, porque tengo que estar sólo, es importante la conexión conmigo. Pongo la música que quiero para ese desfile, me imagino las modelos que van y vienen, y ahí empiezo a dibujar. En los dibujos me pasa algo muy raro: viene una idea, y empiezan a salir y salir, cosas que no sé de dónde salen, y, en un momento se corta. Un boceto tras otro, hasta que la inspiración se va. Ahí los empiezo a estudiar, a editar. Nunca hice una colección en dibujo que la haya presentado tal cual. Porque ahí hago la fase experimental, veo las telas que tengo, armo el moulage, o de lo contrario, trabajo moldería clásica. Sus transformaciones y cortes, pero hago mucha cosa en maniquí. A veces llamo a una modelo para ver cómo se mueve.”

Realidades, aprendizajes y relación con el público

“Siempre cuando hago colecciones siento que me falta tiempo, los trabajos que hago siempre me hacen pensar después del desfile que hay cosas que debería haber trabajado mejor, pero lo tomo como algo natural, cosas que hacen aprender. No creo que esté mal equivocarme, o darme cuenta de que algo no salió bien. Ahora me pasó en esta última MoWeek, que un blog hizo una mala crítica de mi trabajo. Yo le escribí. Hay realidades que a veces afectan a tu producto. Si alguien tiene tres mil dólares para invertir en una colección, y yo trescientos, se nota. Yo lo que hago es realmente a pulmón, pero no lo uso como justificativo porque lo que pongo en la pasarela es mi responsabilidad. No me pareció mala la crítica sobre la calidad de las telas, me sirve para abrir los ojos para la próxima instancia. Si tengo medios para conseguir mejor material, lo hago. El tema de los zapatos me pareció una apreciación personal. Si bien es verdad que en pasarelas pasan vestidos de fiesta con zapatillas. Pero, hubo gente que se indignó con el comentario, y las redes reaccionaron. Lo bueno es que no te afecte desde el lado personal, sino que es una invitación a seguir creciendo, a darte cuenta de que estamos jugando de verdad. Así como vienen buenos comentarios, vienen todos. Tengo clarísimo que no tiene que gustarle a todo el mundo. Nunca vas a gustarle a todo el mundo. Llegué a vender cosas, como a  una clienta brasilera que se va a llevar tres vestidos.”

¿Cómo ves a la mujer uruguaya?

“Yo veo con las nuevas generaciones, que se está refinando, no sé si es la palabra exacta. Hay una apertura a lo que es la moda en general. Cosas como las plataformas que las chicas las adoptan por sumarse a lo masivo, pero son modas, igual que el vestido “patchwork”. No sólo hay chicas de quince con “patchwork”, hay de cuarenta. Pero va a llegar el momento en que ya está. Mi esperanza es que la gente empiece a mirar más su interior, y seguir lo que le gusta, no ‘me voy con todo el grupo’. Vestirse para uno, sin importar el estilo. Las mujeres se dividen por edades, segmentos etáreos. Hay de cuarenta, profesionales, que realmente tienen muy buen estilo, te sorprende que sean uruguayas. Creo que después de los treinta hay muchas mujeres que están teniendo estilo, hay un aprecio por el diseño, por la moda, que se ve ahora.  Me parece que ya no da lo mismo ir a un evento así nomás, sin producirse. La mujer uruguaya en general es clásica, pero las generaciones más jóvenes se animan al color y a las mezclas. Eso está bueno, porque esa juventud va a crecer y a refinar su estilo. La veo como que viene bien.”

¿Qué consejo le darías?

“Que se escuchen más. En todos lo órdenes de la vida. Lo mejor que puede haber es estar feliz con vos mismo, con tener una vida real que vaya con lo que sentís, con tus valores. Y en la ropa eso es fundamental, no sumarte a lo masivo. Yo no soy un diseñador que se caracterice por la combinaciones. Ahora quiero empezar a incluir algún color, estoy pensando cuál. Siempre con el monocromo. Me gusta hacer combinaciones, pero no de mucha cosa. No me molesta ver una chica combinando texturas, colores o estampados. Sí me molesta en mí diseño.”

Colección Yin. Fotografía: Pazos Landarín, Itaú MoWeek.

Colección Yin. Fotografía: Pazos Landarín, Itaú MoWeek.

¿Cómo es una mujer que viste Javier Ramírez?

“Muy femenina, sofisticada y clásica. Que cuando entra a un lugar la miran, pero no desde el lugar de objeto de deseo. Yo trabajo mucho transparencias, pero muestran lo justo. Me pasó en MoWeek que se vio una bombacha, y Flavio Giusti me dijo que pensó que era a propósito, ¡me muero!. Era porque se subió el vestido, pero nunca fue la idea. Me gusta la sensualidad pero en su medida justa, con elegancia.”