Sin dudas en los últimos años asistimos a un resurgimiento del fieltro. Y digo resurgimiento porque este textil forma parte del ADN de la humanidad.  Indumentaria, objetos de decoración y utilitarios, arte, nada escapa al material cuyos orígenes se pierden en el tiempo. Su historia, desarrollo, uso y conservación son algunos de los puntos que trataremos en esta serie de entregas dedicadas a la trama.

Más de una vez en algún evento me han comentado “¡qué novedoso, no lo conocía!” Es que en tiempos de globalización y carreteras ágiles de información con una fuerte carga de inmediatez, perdemos muchas veces en los laberintos de la memoria las innumerables ocasiones que lo hemos visto y utilizado, tal vez no construido en forma artesanal sino industrial, pero ¡vaya que lo hemos usado! Quienes cuenten algunos años seguramente recordarán el “paño lenci” que se compraba en London Paris o, más acá en el tiempo, en La Opera o Angescheidt. Ese último ¡es uno de los nombres con los que hemos conocido al fieltro!

Un textil “no tejido” de lana cien porciento, o mezclado con otras fibras, pero que conserva un alto porcentaje de ella. He aquí una de las claves, si no contiene lana, no es fieltro. La lana es la única fibra (sí la única) que al contacto con el calor y la humedad se hincha y riza, si a esto le agregamos lo que llamamos “batanado” (amasado y golpeado) las escamas microscópicas de la lana se engancharán y mezclarán formando el textil.

Texturas. La Pilarica Fieltros

Esto se supone que fue lo que descubrió el hombre hace varios miles de años cuando aún vivía en las cuevas y se abrigaba con pieles a las que mojaba la lluvia y luego secaba al sol. Si buscamos su utilización ex profeso para fabricar prendas de abrigo y utilitarios tendremos que corrernos un poco más acá en la línea del tiempo, al siglo VIII AC y ubicarnos en el territorio que va desde los Montes Altai hasta el Mar Negro donde se han encontrado piezas fabricadas por la tribu de los Escitas1 quienes hacia el siglo VI AC entraron en contacto con los griegos, después, todo fue cantar y coser, o tramar en este caso.

Pero vayamos al fieltro artesanal de nuestros días. Podemos encontrarlo realizado solo a partir de la lana, mezclado con otras fibras e incluso con textiles en lo que llamamos fieltro nuno, palabra japonesa que significa tejido. Los grosores, texturas, y densidades se han logrado manipular y adaptar a las necesidades como nunca.

Pero … ¿cómo se logra un buen fieltro que no se deforme y perdure en el tiempo?

Básicamente se superponen capas cruzadas de vellón, se mojan con agua tibia y jabón, se cubre con un plástico de burbujas y se frota con la mano. A medida que las escamas de la fibra se dilatan por efecto del calor el frotado permite que se entrelacen. Cuando se enfría, las escamas se cierran sellando y haciendo que el fieltro tome cuerpo. Por eso, es indispensable este paso de alternancia de calor y frío en el proceso para obtener un óptimo textil. Posteriormente se enrolla y hace girar sobre sí mismo, se amasa y se golpea.

Vestido, La Pilarica Fieltros

Y aquí, si me permiten, quiero hacer una puntualización, el fieltro NO es lana amasada. Si se construye saltando la etapa de frío y calor la fibra entre capas no quedará correctamente mezclada dándonos un textil demasiado esponjoso, sin densidad y con muchas fibras sueltas que con el uso originará más peeling2 del natural y perderá forma y estructura. Como en la seda hay un truquito para saber si lo que estamos adquiriendo es de buena calidad. Primero, visualmente no encontraremos fibras sueltas, ni que corren en un solo sentido del textil, veremos en cambio, que tiene una textura arenosa producto de la entrada de aire durante el abatanado. Segundo, podemos pellizcar suavemente el textil y si sólo se levantan tres o cuatro fibras estamos adquiriendo un buen producto. Observaremos especialmente estas características en una prenda de fieltro nuno, pues si no está correctamente afieltrada literalmente se desarmará con el uso y el paso del tiempo.

En Uruguay estamos de parabienes. Nos encontramos posicionados, esto no es novedad, entre los mejores productores de lana a nivel mundial. Nuestro merino (el oro del fieltro) es de una calidad excelente por su largo y lo parejo de la fibra. Valorado y buscado por maestras fieltristas de todo el mundo lo encontramos “pastando” en nuestra penillanura en una constante mejora genética que produce una fibra tan fina como las catorce micras.

Biodegradable, aislante térmica, ignífuga, elástica, absorbente de la humedad, tales algunas de las características de nuestra amada lana. Afieltrada sigue siendo tendencia en colecciones y productos utilitarios para próximas temporadas.

Pero… ¿cómo conservo una prenda o pieza de fieltro? ¿Cómo y con qué llevar una prenda de fieltro? Eso, te lo cuento en el próximo articulo.

¿Nos leemos?


1 Imagen de introducción: silla de montar de la tribu Escita, fabricada en cuero y fieltro. Museo Hermitage.

2 Bolitas que se forman en la tela debido al roce.

 

Pilarica de León

Maestra de Fieltro, responsable de la marca La Pilarica Fieltros. Artista textil y tallerista.