Cuando Cecilia Koppmann le preguntó a aquella mamá del colegio de sus hijos si podía integrarse a su grupo de quilting no imaginaba que estaba despertando lo que sería su gran pasión pero, a su vez, su propia tabla de salvación.

Es hija de una mamá modista y un papá camisero y su vida había transcurrido entre telas y el gusto por lo “manual”, pero como ella misma dice, “la vida te va llevando a donde te va llevando”. Con formación en el diseño y la decoración, Cecilia se reencontraría recién en 1998 con las telas y esta vez descubriría que serían, además de una salida laboral, soporte de su creatividad y medio de expresión.

Xadres e Hije

Xadres e Hije

Todo comenzó como un hobby que rápidamente ocupó cada una de sus horas libres, vacaciones y fines de semana. Cecilia, su máquina y sus telas. En una Argentina en la que el patchwork, era muy poco conocido, aquel “novedoso” método constructivo a partir del retazo ganó rápidamente sus primeras adictas, y digo esto porque de su charla se desprende que, al igual que otras técnicas textiles, crea adicción.

En el 2001 el mundo de Cecilia salta por los aires, Víctor se queda sin trabajo y el dinero de la venta de su casa se esfuma detrás del corralito. Mira su montaña de qulitngs, los junta y se va a Utilísima, “esto es lo que hago” fueron sus palabras y allí comienza, nacida de la necesidad de salir adelante, su gran aventura entre colores y costuras.

Agua por Cecilia Koppmann

Agua

Difundió, con esa posibilidad que da la pantalla el quilting, lo puso al alcance de todas y “Nine Patch”, “Cabaña de Troncos” , “Windblown Square” y Cecilia Koppmann pasaron a ser los nombres y apellidos más conocidos e indisolubles del patch argento.

Sentadas en su inmensa mesa de trabajo y rodeadas de los elementos que integran su mundo me cuenta que luego vendrían las clases, los tutoriales, premios y su propia empresa de decoración.  

Todo fue girando sobre ruedas hasta que la palabra cáncer apareció en su vida.

Y allí vino el quilting nuevamente a su rescate. Esta vez como imperioso recurso expresivo y exorcizador. Sus trabajos se convierten en obras de rebeldía contra la agresión, el transcurrir del tiempo en la sala de espera de las sesiones de quimio y en lenguaje, diálogo y registro, ante una realidad de la que nunca queremos hablar.

Rayos y Centellas por Cecilia Koppmann

Rayos y Centellas. 37 sesiones.

Así nace, entre otras piezas de gran impacto para el observador, Rayos y Centellas. Cuarenta cuadraditos realizados en sus treinta y siete sesiones de quimioterapia, en un juego autoimpuesto de bordar mientras esperar que la llamen, con una única consigna: se borda solo allí, en ese lugar. 

Las obras de este período nos hablan de esa capacidad humana de resilencia, de barajar y dar de nuevo, de resistir, pero también nos gritan esperanza y empatía con su propio cuerpo que busca llegar al “borde sano” y con todas aquellas que son atravesadas por su misma realidad.

Hoy una Cecilia recuperada nos “pinta” paisajes con sus telas en un impecable manejo técnico y de color. Contemplar su obra nos devuelve una paz simple y sencilla, de esa que adquieren las mujeres que deciden correr con lobos, venciendo estereotipos, sabias, fuertes y salvajemente luchadoras.