Amadas y odiadas en la misma medida, para algunos una ayuda a la hora de elegir, para otros una figura intromisoria que tratan de evadir ni bien entran a la tienda. No olvidemos que como cualquiera de nosotros tienen días buenos o malos, les duela la cabeza, tienen dificultades en la casa o con los estudios. Pero a las que se les exige que sin importar que pasó en su día, tienen que tener una sonrisa, disposición, excelente presencia, buenos modales y educación, cuando no también que hablen inglés y portugués, y además, son el último eslabón en una interminable cadena de mando.

Las empresas suelen gastar mucho dinero en las mejores agencias de publicidad, en su equipo de marketing, vidrieras, iluminación, packaging, música ambiente, ayudantes de encargadas, encargadas, supervisoras de encargadas, gerentes, áreas de diseño, recursos humanos, plataformas informáticas, etc. pero son las asistentes las que tienen el contacto directo con los potenciales compradores.

Cómo concretar una venta no depende de una gran infraestructura, sino de algo más simple, lograr que la asistente se identifique con la marca y que sienta como propios los desafíos diarios de la empresa. Quién sino ella como anfitriona de la marca, para recibir con una sonrisa al cliente, asesorarlo, acompañarlo, tratando de entender qué busca, la que lo provee de lo que puntualmente el cliente le pide o le da una alternativa que deja feliz al consumidor y por ende a la empresa, o sea, efectiviza la venta, mas allá del precio y calidad del producto.

¿Es responsabilidad directa de las asistentes/vendedoras el no llegar a las metas estipuladas por la gerencia? Si bien el refrán popular nos enseña que “el hilo se corta por la parte más delgada”, tendríamos que rever esa máxima y mirar más arriba en el organigrama empresarial. A veces la solución no es despedir a la asistente ya que el problema persiste y las ventas no mejoran. En esos casos, habría que ver si el conflicto no se encuentra en la mala gestión, los precios elevados, un ambiente de trabajo hostil, que sientan que siempre se las está evaluando, un producto poco atractivo, directivas poco claras, los cambios constantes de precios y de ubicación de las prendas son factores determinantes para que no se trabaje cómodamente y no se le pueda brindar una experiencia placentera a nuestros clientes, y lo que es peor, que una venta que no se concreta es un consumidor descontento que divulgara su mala experiencia a cuanta persona quiera escucharlo.

Una Gerencia inteligente es la que fideliza a la asistente/vendedora para que ella fidelice a los clientes.

 

Kara Galdos

Kara Galdos

Nací en Montevideo un 19 de julio de 1969. Cursé liceo en el Colegio Don Orione en el año 1986. El Bachillerato lo terminé en el liceo 34, y luego hice 3 años en la facultad de Psicología.

Tengo una tecnicatura en Administración de UTU. Trabaje como secretaria desde el año 1993 en un estudio jurídico. Por  amor a la moda estudie diseño en Strasser. Este año me encuentra trabajando como ayudante de encargada en una de las empresas más importantes de retail.

Entre estudio y trabajo me case, tuve dos hijos y me divorcié.